jueves, 4 de julio de 2013

#Despacio, Remedios Zafra

#Despacio
Remedios Zafra
Caballo de Troya

[Anotaciones dispersas]

en qué contenedor voy a construir mi vida si abandono mi charco
p.171

Incapaz de leer una página entera, de concentrarme en una única cosa, de vivir sin acudir a una agenda de prosaicas tareas cotidianas que, como efecto de su rutina, me dejan en el mismo estado de partida, equivocando siempre las preguntas, manteniéndome en esa nada que me hace conservar intacta, cada día, la distancia con lo que quiero.
p. 19

Dicen que Brown murió hace unos días y que en una nota ha convocado hoy a sus amigos para preguntarles qué les ha parecido su muerte.
p. 126


1. Una reflexión crítica sobre nuestro modo de vida diseminado por redes, interconectado pero a la vez solitario, que nos hace seres obsesionados y dependientes.

2. Ya en el inicio del libro encontramos, entre paréntesis, algo parecido a un aviso de lectura: (renglones intencionadamente en blanco –leer despacio–). En un mundo dominado por la inmediatez y por lo fugaz, pedirnos atención y lentitud contiene algo de revolucionario.

3. Un cartel de carretera donde puede leerse Allí 538 km. El espacio que realmente habitamos, Aquí. Y lo que hace de vínculo entre uno y otro lado: la voluntad de irse. Antes, es preciso posicionarse, saber dónde estamos y adónde queremos ir. Nótese que si elegimos irnos a Allí no vamos a tener las cosas fáciles con los que están Aquí. Incluso aunque también para los demás Allí sea el lugar favorito de Aquí.

4. Los afectos son importantes. Este libro va de afectos, por el lugar que habitamos, por los demás y por uno mismo. Pero quedarse Aquí es como resignarse y ha llegado el momento de querer de lejos. Irse y quizás luego volver.

5. Porque Aquí todo es lo mismo. Es un círculo vicioso: vidas precarias, dominadas por un ciego afán de instantaneidad, fugacidad, inmediatez, superficialidad. No somos individuos sino trozos de una masa. Todo se ha contagiado de la rapidez de las redes sociales. Nuestro modo de vida es la saturación, la acumulación zombi, la indiferenciación. Nos hemos fabricado necesidades sin satisfacción posible, cuyo único fin es la necesidad perpetua, el estado de carencia permanente. Buscamos continuamente cosas mientras nos perdemos.

6. Siempre hay varios niveles de lectura. Eso es lo estimulante y también lo escalofriante: ver que todos estamos esperando a que pase nuestro tren y entretanto vivimos, o malvivimos, en este lugar.

7. A la frustración individual se suma la mala gestión administrativa, el nepotismo político, la incapacidad general de la sociedad para afrontar un problema estructural: seguimos estando solos.

8. Personajes autocomplacientes y vacíos, actúan como si fueran ellos mismos en un decorado-jaula. Imaginativa alegoría –a veces en clave de humor– de las estructuras que soportan nuestro modo de vida. Gatos que se comen los deseos que no decimos, personas cuyo trabajo consiste en representar la miseria para que los demás nos creamos más felices. De fondo hay una visión crítica y una denuncia sin solución de esperanza. Bueno, sí, la esperanza de la huida Allí.

9. Cotidianización de los dispositivos técnicos: adquirimos un comportamiento robótico, sistematizado, predecible, programado. Se anulan las diferencias. Esto genera, además, dependencia, pues de ello depende nuestra imagen, nuestras aspiraciones, nuestra percepción del éxito.

10. Hay que estar siempre estéticamente preparados. El sueño de llegar lejos, mantra del éxito social vendido como parte de una alienación colectiva. Banalización de los grandes ideales: mercantilización de la vida.

11. Necesidad de atención: vendernos como productos socialmente aptos. Lógica de mercado más dislocación del yo. Infantilización. Incomunicación. Crítica de la sociedad: vestimenta, cirugía, necesidad de reconocimiento, automatismo, uso de tecnología, precariedad laboral. Yo menos yo igual a nada.

12. Vestimenta (incluye la piel tatuada y operada): palimpsesto donde escribimos nuestros sueños, que es como ahora llamamos a nuestros complejos, a nuestra necesidad de aceptación, a nuestras frustraciones, a nuestra soledad. Nuestro cuerpo es una inversión: capitalización del yo, que debe cotizar en el mercado.

13. Necesidad de estar siempre online. Estar conectados, tener batería, cobertura, disponibilidad. Puesta en evidencia de los automatismos adquiridos inconscientemente como parte de la nueva sociedad tecnológica, que lleva aparejada un sistema de valores basado en el culto a la imagen. Olvidamos –incluso odiamos– quienes somos para imitar unos patrones estéticos vinculados socialmente con el éxito. El éxito en la vida es el mantra. Una felicidad-obsesión prediseñada que produce dependencia, frustración, infelicidad.

14. El nombre como metáfora de la predeterminación (preselección) social. El individuo tiene dos opciones: seguir el dictado de la sociedad o reclamar su personalidad.

15. El colegio: uno de esos sitios donde se anulan las diferencias; nos encajan en itinerarios, nos clasifican y etiquetan en grupos homogéneos.

16. Depresión. Sobrevuela el libro un clima depresivo, círculo vicioso que detiene el tiempo, que arrasa con las expectativas, que lleva al inmovilismo.

17. Nuevo sistema de relaciones virtuales. Está sostenido gracias (o a pesar de) unos lazos de reciprocidad basados en la deuda y el compromiso, el quid pro quo, el intercambio. Las relaciones personajes también se someten a la lógica de consumo y mercado.

18. La soledad de las redes sociales. Una orgía afectiva simulada. En realidad, el individuo se ha recluido, aislado, incomunicado.

19. Llenar el tiempo vacío. La vida se ha instalado en la inutilidad, el ocio desesperado. Hay que llenarla aunque sea con más vacío.

20. Precariedad del yo en un mundo altamente clasificado y mecanizado que anula nuestras diferencias, nuestra especificidad. Buscar trabajo –trabajar para buscar trabajo– supone también una búsqueda de identidad, de personalidad, una lucha por no ser anulados, engullidos, privados de nuestra propia vida que, obviamente, ya no nos pertenece.

21. Seres perdidos, angustiados, hombres huecos beckettianos. Aquí quedamos definidos, maniatados, automatizados. Todos los personajes esperan que pase su tren, ese es su punto de unión. Todos los lectores nos reconocemos ahí mismo, en la situación incómoda, en la frustración y la espera.

22. Vivimos como refugiados. Hemos perdido la casa, el mundo. En nuestra vida diferida no hay contacto real con las cosas. Chateamos de un banco a otro.

23. Querer salir de Aquí es ya una conquista de la conciencia. Un despertar de la voluntad. Un paso hacia la libertad. Tomar conciencia de que estamos Aquí y que hay un Allí. Levantar la cabeza y mirar al frente: contemplar lo que nos rodea (aprisiona), nuestro modo de vida y los resortes que la sustentan. Mirar de otra manera. Una nueva mirada.

24. Una huida hacia dentro. Valentía. Profundizar: ser humanos-topo. Samsa, Bartleby, Montag.

25. Género híbrido: relato, cuento, fábula, novela, ensayo, diario, confesión.

26. Representación irónica. Ficción dentro de la ficción.

27. La Contenida. Parábola sobre los deseos y los nuevos modos de vida en red. El desenlace: el deseo es un ente voluble que se desplaza de cuerpo en cuerpo como el significado de significante en significante. Somos medios transmisores del deseo. El deseo, por definición, es insatisfecho.

28. Efecto positivo de la parálisis: mirar, pensar y escribir.

29. Repaso de una sociedad tipo, ficticia pero reconocible. Desfile de personajes vacíos, que malviven, que quieren irse.

30. Cuentos que funcionan a nivel simbólico. Mini-ficciones. Pequeñas piezas de un puzle con todas las piezas por ordenar que reproduce la imagen desestructurada del individuo de nuestro tiempo.

31. Mirada infantilizada de donde surge un simbolismo crítico, un discurso sobre las distancias, lo marginal, la desesperanza, el no-cambio.

32. Mirar al suelo como actitud vital.


33. Final esperanzador. Esa juventud de la rabia y de la idea que confía en lo mismo que la aparta y la margina: en su individualidad. Reajusta su mirada, toma distancia, ve mejor y va más despacio. Fuera (en las afueras) del ritmo frenético y autómata de los trenes que pasan por nuestras ciudades, símbolo de la inconsciencia con que malvivimos (expropiados de nuestro tiempo y de nuestra vida). Una esperanza que nace del inconformismo y de la contradicción. Marchar, ir marchando. Estar yendo. Despacio.

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